24 noviembre 2006

Hoy lo dice por mi Colette...

Recién este año descubrí los textos de Colette (gracias a una sorpresiva y nutritiva velada literaria). No puedo sino compartir este texto de una autora francesa, que bien se merece el apelativo de "idola"...





Su Gata "Fanchette" (De "Claudine en la Escuela")

¡Lo que me faltaba! ¡He pescado un resfrío! Permanezco en la biblioteca de papá. Después de todo, no me aburro tanto, cómodamente instalada en la enorme butaca, rodeada de libros, con mi hermosa Fanchette, la más inteligente de entre todas las gatas, que tan desinteresadamente me quiere, a pesar de las travesuras de que la hago víctima, de los mordiscos que le doy en sus rosadas orejas y del complicado adiestramiento que le obligo a cumplir.

Me quiere hasta el extremo de comprender cuanto le digo y de acudir a acariciar mi boca apenas escucha el timbre de mi voz. Fanchette ama igualmente los libros, como si de un anciano sabio se tratara, y todas las noches me atormenta, después de la cena, para que retire del estante correspondiente dos o tres de los gruesos volúmenes del Larousse de papá, cuyo hueco forma una especie de habitación en la que Fanchette se instala y se asea. Corro el cristal tras ella y su ronroneo prisionero vibra como el rumor deuntambor en sordina, incesante. De vez en cuando la miro y entonces ella me hace señas con sus cejas, que levanta lo mismo que una persona. ¡Ah, hermosa Fanchette, qué interesante y comprensiva eres!. Desde que viniste al mundo, no haces otra cosa que divertirme; apenas podías abrir los ojos cuando ya ensayabas dentro de tu cestita, belicosas andanzas, incapaz aun de sostenerte sobre tus cuatro patitas. Desde entonces vives alegremente, provocas mi risa con tus danzas del vientre en honor de los moscardones y las mariposas, con tus torpes llamadas a los pájaros que acechas, con tu forma de pelearte conmigo y de darme secos zarpazos que resuenan duramente en mis manos. Te conduces de la manera más indigna; dos o tres veces al año, te sorprendo en el jardín, encaramada sobre el muro, con aspecto demente, ridícula, y con un tropel de gatazos rondándote. Hasta sé quien es tu favorito, perversa Fanchette; es un gatazo de un gris sucio, enorme, flaco, despeluchado, con orejas de conejo y modales de canalla. ¿Cómo es posible que te aparees, y tan a menudo además, con un animal de tan baja extracción? Pero, incluso en tales épocas de demencia, cuando me ves, recobrar por unos momentos tu aspecto habitual y maúllas amistosamente algo parecido a "ya ves cómo estoy, no me desprecies demasiado, la naturaleza tiene sus exigencias, pero no tardaré en volver a casa y entonces me lameré largamente para purificarme de esta vida desvergonzada". ¡Oh, mi hermosa Fanchette, qué bien te sienta conducirte mal de cuando en cuando!.

1 comentario:

Manuel J. Sierra dijo...

Fabuloso este cuento de la gata.

Me acuerdo de una gata sin dueño que solía venir en el patio de la casa de mi abuela. La recuerdo desde niño hasta prácticamente sobrepasar ampliamente la veintena. Un prodigio de longevidad, sobrevivió a algunos de sus bisnietos.